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El término beato (del latín beatus) significa feliz o bienaventurado. La Iglesia nos enseña que los beatos ya gozan en el cielo de la presencia de Dios e interceden por nosotros, peregrinos aún en este mundo. La beatificación es el último paso previo a la canonización, es decir, al momento en que la Iglesia reconoce y declara que una persona es santa.

El beato llega al “honor de los altares”. Sus imágenes pueden ser veneradas en las Iglesias. Se celebra su memoria litúrgica; es decir, habrá un día en el año que será su día de fiesta. En general se toma el día de su muerte, llamado dies natalis, el día de su nacimiento a la Vida Eterna. En ese día, en la misa y otras se le recordará especialmente, como se hace con los santos.

Si para la beatificación es necesario que haya habido un milagro atribuido a la intercesión del venerable, lo que se necesita para la canonización es que se verifique un segundo milagro, ocurrido después del anuncio de la beatificación.

El milagro reconocido por el papa Francisco es la curación rápida, duradera y completa de una niña de 14 años ocurrida el 8 de octubre de 1936. La niña se llamaba María del Carmen Artagaveytia Usher. Era hija del Dr. Mario Artagaveytia, reconocido médico cirujano, y de Renée Usher. Después de una operación de apendicitis sufrió una infección que se fue agravando hasta llegar a una situación desesperada. Los mejores médicos de la época la atendieron, pero no lograban su mejoría. Recordemos que no existía aún la penicilina. La niña sufría fuertes dolores y su vida parecía acercarse al final.

Un tío de la niña, Rafael Algorta Camusso, le llevó una estampa con una reliquia del siervo de Dios Jacinto Vera y le pidió a la niña que se la aplicara a la herida y que tanto ella como su familia rezaran con toda confianza pidiendo la curación por intercesión del siervo de Dios. Esa misma noche cesaron los dolores, se terminó la fiebre y a la mañana siguiente la niña se sentía completamente bien. La curación fue rápida y completa, científicamente inexplicable, comprobada por su padre y por el médico que la atendía, el Dr. García Lagos. María del Carmen Artagaveytia vivió hasta los 89 años, falleciendo en 2010.

En 2017 se retomó el estudio de este caso, que había sido presentado al poco tiempo de la curación. Se realizó un exhaustivo informe médico, que luego fue analizado por una junta médica en el Vaticano. Ante el tribunal formado para estudiar el presunto milagro, sus hijos declararon que conocían el hecho desde siempre, por el testimonio de su madre. Aportaron diversos elementos y recuerdos, entre otros, que su madre tuvo toda la vida en su mesita de luz la estampa con la reliquia de Mons. Jacinto Vera que había colocado en su herida.

Mensaje de los obispos del Uruguay

Queridos hermanos:

Con inmensa alegría los obispos de Uruguay les queremos comunicar una feliz noticia: hoy, el Papa Francisco aprobó un milagro obtenido por la intercesión del Venerable Mons. Jacinto Vera, nuestro primer obispo, lo que habilita su próxima beatificación.

Es un motivo de júbilo y gratitud para todo el Uruguay. Misionero y apóstol de la ciudad y la campaña, recorrió tres veces todo el país. Socorrió a los heridos de las guerras civiles y encabezó misiones de paz. Padre de los pobres, amigo de sus sacerdotes, fue promotor del compromiso de los cristianos laicos en la vida de la sociedad de la época. Promovió la educación y la prensa católica. Fundó el seminario para la formación de los sacerdotes. Promovió la llegada de numerosas congregaciones religiosas a nuestras tierras, para servir a nuestra gente (vascos, salesianos, salesianas, dominicas, vicentinas, capuchinos, jesuitas, entre otros).

Guio a nuestra Iglesia en tiempos difíciles, llevó la frescura de vida y de gracia del Evangelio a todos sin distinción. Al final de sus días, Don Jacinto cosechó una admiración unánime de la sociedad de su época, aún de sus mismos adversarios, como quedó plasmado en los homenajes tributados a su muerte.

Su próxima beatificación nos impulsa a renovar nuestro impulso misionero y nuestro deseo de servir al país y a su gente.

Con nuestra bendición,

Los obispos del Uruguay

El término beato (del latín beatus) significa feliz o bienaventurado. La Iglesia nos enseña que los beatos ya gozan en el cielo de la presencia de Dios e interceden por nosotros, peregrinos aún en este mundo. La beatificación es el último paso previo a la canonización, es decir, al momento en que la Iglesia reconoce y declara que una persona es santa.

El beato llega al “honor de los altares”. Sus imágenes pueden ser veneradas en las Iglesias. Se celebra su memoria litúrgica; es decir, habrá un día en el año que será su día de fiesta. En general se toma el día de su muerte, llamado dies natalis, el día de su nacimiento a la Vida Eterna. En ese día, en la misa y otras se le recordará especialmente, como se hace con los santos.

Si para la beatificación es necesario que haya habido un milagro atribuido a la intercesión del venerable, lo que se necesita para la canonización es que se verifique un segundo milagro, ocurrido después del anuncio de la beatificación.

El milagro reconocido por el papa Francisco es la curación rápida, duradera y completa de una niña de 14 años ocurrida el 8 de octubre de 1936. La niña se llamaba María del Carmen Artagaveytia Usher. Era hija del Dr. Mario Artagaveytia, reconocido médico cirujano, y de Renée Usher. Después de una operación de apendicitis sufrió una infección que se fue agravando hasta llegar a una situación desesperada. Los mejores médicos de la época la atendieron, pero no lograban su mejoría. Recordemos que no existía aún la penicilina. La niña sufría fuertes dolores y su vida parecía acercarse al final.

Un tío de la niña, Rafael Algorta Camusso, le llevó una estampa con una reliquia del siervo de Dios Jacinto Vera y le pidió a la niña que se la aplicara a la herida y que tanto ella como su familia rezaran con toda confianza pidiendo la curación por intercesión del siervo de Dios. Esa misma noche cesaron los dolores, se terminó la fiebre y a la mañana siguiente la niña se sentía completamente bien. La curación fue rápida y completa, científicamente inexplicable, comprobada por su padre y por el médico que la atendía, el Dr. García Lagos. María del Carmen Artagaveytia vivió hasta los 89 años, falleciendo en 2010.

En 2017 se retomó el estudio de este caso, que había sido presentado al poco tiempo de la curación. Se realizó un exhaustivo informe médico, que luego fue analizado por una junta médica en el Vaticano. Ante el tribunal formado para estudiar el presunto milagro, sus hijos declararon que conocían el hecho desde siempre, por el testimonio de su madre. Aportaron diversos elementos y recuerdos, entre otros, que su madre tuvo toda la vida en su mesita de luz la estampa con la reliquia de Mons. Jacinto Vera que había colocado en su herida.

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